jueves, 6 de julio de 2017

Una buena y gratificante experiencia que contar


Caminaba por las calles de la ciudad a raíz de dejar el carro en el taller de reparación, en principio quise pedir un taxi, pero luego preferí caminar hasta la casa. Hacer ejercicio y caminar libremente por las calles. Siempre recuerdo la respuesta de Fidel Castro a la  pregunta de un periodista: “Qué anhela usted, Señor Presidente?” , la respuesta no se hizo esperar: “Pararme en una esquina, caminar libremente”.

Pues quise ejercer ése privilegio que tengo, caminar libremente. Al caminar por muchas de las calles de Santo Domingo es necesario mirar por donde se camina, hay muchas irregularidades que te pueden provocar un accidente de menor proporción hasta fatal.
Pero quise ver el cielo, me las ingenié para que mis ojos estuvieran pendiente a las irregularidades del camino mientras contemplaba el cielo azul de la tarde, no tuve una visión,  pero sí una memorización.
Recordé  adoración celestial que vio el Apóstol Juan y que se describe en Apocalipsis 4:8 al 11

Rev4:8  Y los cuatro seres vivientes, cada uno de ellos con seis alas, estaban llenos de ojos alrededor y por dentro, y día y noche no cesaban de decir: SANTO, SANTO, SANTO, es EL SEÑOR DIOS, EL TODOPODEROSO, el que era, el que es y el que ha de venir.  

Rev4:9  Y cada vez que los seres vivientes dan gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos,

Rev4:10  los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:

Rev4:11  Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.

La primera reacción que tuve fue llorar, lloraba mientras caminaba y mientras caminaba también pensaba…qué naturaleza tiene Dios, grandeza, majestad, belleza, encanto, santidad…seguía buscando las palabras…hermosura, cómo es posible que esos 4  seres vivientes y esos 24 ancianos…

Día y noche no cesaban de decir: SANTO, SANTO, SANTO, es EL SEÑOR DIOS, EL TODOPODEROSO, el que era, el que es y el que ha de venir.  

“Y cada vez que los seres vivientes dan gloria, honor y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos,” y que 

Los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
 Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria y el honor y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.”

Es que tenía que llorar de la impresión, cuál es la naturaleza de ése Único Dios vivo y verdadero para generar una adoración celestial de ésa magnitud, continuidad y majestad, gozo, alegría, entusiasmo, dignidad y reverencia? Cuál es?

Observé el  tiempo presente y continuo en que  se usan los verbos y las palabras:
 cada vez,  día y noche, no cesaban, adoran, al que vive por los siglos de los siglos, echan sus coronas, siempre…luego busqué el capítulo 4 y vi los términos en que Juan se refería a la visión, Juan no podía describir con palabras humanas lo que tenía de frente, era imposible, sólo atinaba decir: lo que veo es semejante a…, es como…, tiene un aspecto de…, y eso que fue llevado en el Espíritu. El Apóstol Pablo también fue arrebado al tercer cielo y vio cosas que no pudo  expresar con lenguaje humano…Santo Dios!!, cómo es Tu naturaleza que sólo podemos expresar como humanos algo de ella?

Luego cambié el sentido de mis pensamientos y me enfoqué en la naturaleza de esos seres celestiales,  y me preguntaba, pero qué naturaleza tienen estos que por los siglos de los siglos adoran a Dios sin parar, sin que se genere en ellos la necesidad de descanso, de parar o detenerse por algún momento, sin apelar a la monotonía de la actividad, a lo monotemático del asunto. qué naturaleza es esa de estar gozosos por los siglos de los siglos?

Luego apunté hacia la naturaleza humana y comencé a decirme a mí mismo, es imposible como terrícola razonar esa adoración celestial, es imposible imaginar cómo pueden ser esas cosas, son inescrutables ciertamente las cosas de Dios, el ser humano no puede llegar a esos niveles de pensamientos, Dios es infinito, insondable, Su Santidad es inconcebible, Su Ser es incomprensible, Su poder es infinito, cómo Su Ser puede generar tal adoración…no lo podemos entender y gloria a Dios que es así.

Mis pensamientos iban a millón, como decimos cuando estamos acelerados, agitados, en tensión o en aprietos. Y saltaron a las descripciones que hace Juan en Apocalipsis acerca de los cielos nuevos y tierra nueva, me estaba maravillando y estaba extasiado imaginándome esas cosas, pero luego me dije, recuerda que todas esas cosas pueden ser como…pueden ser  semejantes  a…o tener aspecto de…y algo me dijo, abandona esas cosas y no te entretengas con ellas, son cosas que no agotaran nunca lo Principal.

Fue ahí cuando me encontré con lo principal:

Rev22:3  Y ya no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará allí, y sus siervos le servirán.
Rev22:4  Ellos verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.
Rev22:5  Y ya no habrá más noche, y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos. 
     
Caí de nuevo en el principio,  es la presencia de Dios y el Señor Jesucristo que producen esas cosas, es la presencia de la Santísima Trinidad que genera tal adoración celestial por los siglos de los siglos…Dios Santo! Qué  Suficiencia tienes, sólo un Ser auto existente como Tú puede ser la complacencia absoluta y eterna del ser humano.

Wao! Wao! Me ha invadido una alegría infantil inexplicable, Ése Dios es mi Padre, Su Cristo es mi Salvador, mis esperanzas están en Él, mi destino ya lo sé, me lo ha revelado en algunos detalles, para que como terrícola  pueda ir disfrutando con anticipación lo que será por los siglos de los siglos. Luego me pregunto, cómo terrícola?

Ay no! Me dije a mi mismo, en  Cristo, Dios me ha dado parte de ésa naturaleza celestial por la cual puedo ver todas esas cosas maravillosas, soy una mezcla de terrícola con ser celestial. He nacido de nuevo cuando vi que era pecador, cuando me arrepentí de mis pecados y acepté a Cristo como mi Salvador, cuando entendí que el pecado mora en todo ser humano y que es imposible como humano tener comunión con Dios. Cuando de eso me di cuenta, vine a los pies de Jesús y lo confesé como mi Salvador y Dios.

Así nací de nuevo, no de carne, ni de sangre, ni de voluntad de hembra o de varón, si no de Dios.
Aceptando a Cristo como mi Salvador, la justicia que Dios me pedía por la culpabilidad de mis pecados fue cubierta en Él.

La ira de Dios que estaba sobre mí por ser pecador, fue desviada hacia Jesús y Él vino a ser mi propiciación. Pues Dios apartó Su ira de mí.

Aceptando a Cristo como mi Salvador, fui rescatado o redimido de mi vana manera de vivir, pues vivía sin Dios y sin esperanza en éste mundo, no sabía de dónde venía qué hacía y porqué y hacia dónde me conducía en la vida. Era esclavo demis pecados y de una vida sin sentido. Cristo pagó mi rescate y me sacó de esa vida de pecado.

Finalmente, aceptando a Cristo fui reconciliado con Dios, me adoptó como hijo,  pasé de ser enemigo a hijo de Dios. Esa naturaleza que cayó en Adán con el pecado original y que me impedía ver todas esas maravillas de Dios y la adoración celestial que antes describimos fue restituida en Cristo…sólo así pude caminar por las calles y aceras ocupadas e irregulares de Santo Domingo sin tropezar,  a la vez que tenía los ojos en el cielo.

Qué locura la mía!

Quieres participar tú de ésa adoración celestial? Ven a Cristo y comenzarás a  verla

Alabado sea Dios!!!